Experiencias y opiniones personales de miembros y simpatizantes de la asociación

Benditas bicis

Las bicicletas son para todo el año, claro, pero… el verano es para las bicicletas, desde luego. Así se puede resumir la acertada evocación que hace Pedro Simón de aquellos maravillosos veranos de nuestra infancia, en los pueblos, en los que la bicicleta lo era todo.

Benditas Bicis
Pedro Simón

El Mundo, 23 de mayo de 2017

No era la piscina. Ni los primeros tomates del huerto del abuelo. Ni el final del colegio. Ni los campamentos con guitarras. Ni los pantalones cortos. Era la bici.

La marcha a París en ocho sentimientos

La Bicicleta en marcha hacia la cumbre del cambio climático:

Mi vivencia de la marcha en 8 sentimientos.

Por Diego Olalla Martín

Los viajes se viven antes durante y después. Vas viviendo y enlazando momentos no siempre agradables, pero en el conjunto de la experiencia todo es bueno.

Un día en un encuentro cicloturista comentaron que se estaba organizando una marcha a Paris, a la cumbre del cambio climático (COP 21),. Todavía faltaban muchos meses, pero en mi ya se despertó una inquietud, la idea me atraía, era algo en lo que creía ¡Que mejor forma de ir que en bicicleta para asistir a una cumbre contra el cambio climático!

20151211001013

 

Mapa marcha a París en bici

 
 
 

Y pasaron los meses, llegó el día y me uní a la marcha organizada por AMA (Asociación Medio Ambiental contra el Cambio Climático). Una marcha apoyada desde el primer momento por Burgos Con Bici, mi asociación.

1260km nos esperaron por delante, parte del invierno y 17 días ciclando (14 etapas con 3 de descanso). Siendo una media de 33 personas, algunos lo dejaban, otros lo cogían. Ya entrando a Paris fuimos 44 personas.

Empecé en Burgos dirección Vitoria (descanso), San Sebastián (descanso), San juan de Luz, atravesamos la región de las Landas, Burdeos, Ruffec, Poitiers (descanso), Tours, Blois, cogimos la ruta EuroVelo 6 por el valle del Loira hasta Orleans para entrar ya en Paris y asistir unos días a la cumbre alternativa (el ZAC) y estar en las manifestaciones.

 
 
 

Ir en una marcha en bici es algo muy diferente a viajar en solitario. El grupo condiciona el ritmo, las etapas están programadas rodando con clima adverso (frio invernal, jornadas enteras de lluvia, niebla…). La convivencia de un conjunto numeroso, en no pocas ocasiones, es dificil (esto me sorprendía de la marcha, íbamos a exigir un acuerdo a los gobernantes y a nivel de grupo en muchas ocasiones no llegamos a entendernos).

CV7yQXGW4AA3hYu.jpg-large

 

Durmiendo en un polideportivo

 

Antes de la marcha

DE MIEDO (todo está en la mente):

Lo primero que me vino a la cabeza es querer dar sentido a lo que iba a hacer ¿iba a aporta esto algo al problema del cambio climático? Me vino miedo, por tener un recorrido estricto a donde llegar a dormir, un tiempo meteorológico adverso, dudas sobre mi capacidad física…Y se confirmó la regla ¡El miedo está en la mente, es una preparación para que todo te salga mejor!

 

Durante la marcha

DE VOLUNTAD (Soy capaz de hacer más de lo que pienso): Una vez que empiezas a ciclar, ya los miedos se disuelven, lo vas sintiendo pedalada a pedalada. El momento es lo más preciado y la bici te transporta a él.

DE CONFIANZA (Tu cuerpo sabe más de ti que tu mente). Pasado el sexto día, noté que ya estaba adaptado a la bici, ya daba igual 70km que 120km al día. Entonces es cuando empecé a disfrutar porque sabía que el camino ya no podía pararme, que iba a llegar a Paris, a la Cumbre   

Biciclietada urbana

 

DE COMPAÑERISMO (Podemos dar lo mejor de nosotros mismos en las peores condiciones): Viajar en un grupo grande tiene sus ventajas aunque tiene muchos momentos de tensión. El cansancio, el mal tiempo pero sobre todo la diferente motivación y naturaleza de las personas, hace que en determinados momentos te pongan a prueba. Fue una experiencia fantástica. Toda una lección de humanidad.

DE ACOGIDA (hay buena gente en todos los lugares del planeta): Desde mi punto de vista, cuando se viaja cualquier sitio donde te den cobijo es bien recibido: el suelo de un hall, un polideportivo helado, albergues…y en ocasiones las casas de la gente. Gente que comparte contigo incluso sin saber el mismo idioma, sin palabras. Es el corazón de la gente lo que hace habitable este planeta.

Grupo de ciclistas

Ciclistas en carretera

 
 
 
 
 

NOMADISMO (Donde la libertad y la belleza se funden cada día en un lugar distinto). Quizás perdimos la forma de movernos de nuestro ancestros, ya no tenemos aquella incomodidad e inseguridad, pero en nuestro inconsciente todavía reina esa sensación de aventura y libertad. No somos seres sedentarios, necesitamos sentirnos libres.

Después de la marcha

DE RETORNO (Tenerlo todo sin salir de tu hogar) Un hogar donde regresar, una cama, comer caliente: primer y segundo plato. No hacer la maleta diariamente….Tener un lugar donde retornar es una gran suerte. Sentirse afortunado, descansar en una cama confortable, tener calor, tres comidas diarias calientes…es algo por lo que uno se siente agraciado.

 
 
 
 
 
 
 
 

La bicicleta te da la oportunidad de ir lo suficientemente deprisa para viajar y lo suficientemente despacio para vivir lo que acontece.

Llegar a una cumbre contra el cambio climático de la mejor forma imaginable, ¡en bicicleta!, te da la perspectiva de que hay otra realidad, de que otra forma de hacer las cosas es posible.

8 sentimientos para cambiar yo, no el planeta. Algo para aportar en este loco y bello planeta.

Escuchando, pedalada a pedalada el silencio de la bicicleta.

Bici junto a un árbol

Bicis por las nubes

Y cuando digo “bicis por las nubes”, no me refiero a su precio. Estoy hablando más de su longevidad, de las vidas de una bicicleta. Antes siempre errando por los caminos y ahora suspendida en el aire, girando sus ruedas a la velocidad del viento, pero estática.
El futuro es incierto, también para las bicis, compañeras y compañeros.

Bicis por las nubes

Esperemos que no acaben estampadas de forma surrealista contra un muro.

Contra el muro

No sé montar en bicicleta. Ya está. Ya lo he dicho.

Cuando tenía cinco años, mis padres me compraron una. Pero a la primera caída decidí que eso no era para mí. Mis padres eran intelectuales. No se les ocurrió mejor idea que respetar la decisión del niño en vez de obligarlo a aprender, como Dios manda.

A los veinte años, mi chica insistió en enseñarme. Como estaba enamorado, acepté. Mientras yo me caía y hacía el ridículo, su hermanita de seis años pasó a nuestro lado en su bici sin rueditas y me dijo, con una sonrisa de sorna:

–¿Tan grandazo y no sabes montar en bicicleta?

Me largué de ahí. Y rompí con esa chica.

Ante la incomprensión del mundo, suelo defenderme con un argumento de física elemental: es absolutamente imposible que las bicicletas se mantengan erguidas. Las cosas, si no tienen apoyos, se caen al suelo. Todo el mundo lo sabe. Un día, de repente, todos los ciclistas del mundo se darán cuenta y se partirán la cabeza.

Creo que, de tanto repetirlo, me lo he llegado a creer.

Pero ahora tengo un hijo. Y ese canalla insolidario y mezquino de cinco años ha aprendido a montar en bicicleta. Lleva meses diciéndome:

–Papi, ¿no te gustaría ir juntos en bicicleta?

O:

–Papi, qué pena que no sepas montar.

O la más humillante:

–Papi, si quieres, te enseño a montar.

Los niños te vuelven adulto. Te hacen notar y corregir todas las carencias de ti mismo que siempre te negaste a afrontar. Desde el nacimiento del mío, he sacado el carné de conducir, he hecho terapia, aprendido catalán, practicado ejercicio, luchado contra mi neurosis, mejorado mi relación con la tecnología y organizado mi contabilidad. Pero comprendo que ha llegado la hora de dar el último paso hacia una adultez plena.

Durante una semana busco en Internet instrucciones para montar en bicicleta. Cómo poner la cadera. Qué precauciones tomar. No hay nada. Es una ciencia sin teoría. ¿Cómo rayos ha aprendido todo el mundo?

Al final recluto como profesor particular a mi amigo más deportista. El pobre cree que va a ser fácil.

–Diez minutos –me dice–. O diez segundos. Montar en bici es lo más sencillo del mundo.

–Hermano –le respondo tristemente–, no sabes con quién estás hablando.

Escogemos una calle peatonal y vamos de noche, a la hora en que no circulan niñas tocapelotas como la hermanita de mi ex. Y me subo en la bicicleta.

–¡Ahora pedalea!

Al primer esfuerzo me caigo. Y al segundo. Y al decimocuarto. Mi amigo me empuja en la bicicleta como a un niño. Y tampoco funciona. Mi amigo teme que yo tenga una enfermedad neuronal. Puedo leerlo en su rostro.

Los transeúntes creen que voy borracho o drogado, cosas más normales que no saber montar en bicicleta. Yo me sigo cayendo. Estoy bañado en sudor y ni siquiera he avanzado un metro. Estoy a punto de dejarlo e irme a mi casa a llorar.

Hasta que, al fin, entiendo la única lección que hay que aprender, la que no está en Internet: sigue pedaleando.

Cuando te vas a ir de cara contra el suelo, no te detengas: acelera. Es difícil que tu cuerpo acepte esa regla porque atenta contra todo instinto de autoconservación, igual que la bicicleta atenta contra la regla física de que debería caerse.

¿Por qué me cuesta más aprender a mí que a un niño de cinco años? Porque tengo más miedos: si tuviese cinco años, mi único miedo sería que me manden a dormir sin postre. Hacerse adulto es irse cargando de temores: plazos de entrega, números de cuenta en rojo, enfermedades y cosas que pueden salir mal.

Cuando comprendo eso –y que la bici tiene freno de mano– comienzo a pedalear de verdad. De repente, el viento corre a mi alrededor. La bicicleta avanza. ¡Estoy derrotando las leyes de la física, toda mi historia personal, a todas las hermanitas repelentes del mundo!

Y entonces me estrello de cara contra un poste.


Esta historia la publicó Santiago Roncagliolo el día 20 de octubre de 2013 en el diario El País.

En el siguiente enlace podéis acceder al contenido original.

http://elpais.com/elpais/2013/10/18/eps/1382108391_935247.html

Carta Abierta

Hola amig@s.
Quería compartir con vosotr@s esta reflexión veraniega.
Encontrábame yo viajando por el norte de Italia, de turista total, sin mi bici, moviéndome con otros medios de transporte que dependían de las energías externas para funcionar. Añado que, los pedales no requieren más que el apretón de cada pierna, más si hay una cuesta. Descubro que en Venezia no hay coches, si barquitos, góndolas y vaporettos para desplazarse por los cientos de canales. Por esas calles estrechas veo alguna bici aparcada o serpenteando entre las grandes masas de turistas. ¡Qué bien, me dije, una ciudad sín coches!.
Con este afán de turista mío, viendo, curioseando, oliendo, tocando, probando… mis compañeras de viaje y yo comenzamos a desplazarnos por distintos lugares cercanos a la ciudad dicha hasta llegar a la maravillosa Toscana.
En la primera ciudad, pequeña, me llama la atención bajarme del tren y allí mismo docenas de bicis aparcadas. Buscamos el centro urbano y las bicis ya tenían vida, circulaban tranquilamente por calzadas y zonas peatonales. Sus usuari@s de todos los sexos y edades, con ropas elegantes, con ropas menos rebuscadas, con la cesta de frutas y verduras frescas, con algún ramo de flores. Me pareció un lugar maravilloso, casi soñado. Mientras comprábamos un poco de queso parmesano en un puesto del mercado, entablé conversación con una señora,medio en italiano medio en español, calculo que tenía unos 65 años. LLegó a decirme que ella aprendió a montar en bici desde que era una “bambina”, una niña y que ya nunca se bajó de ella para realizar sus diferentes actividades en la calle. La escuché y miré el brillo de sus ojos cuando me lo decía. Me alegré de haber hablado con ella y nos despedimos con mucho cariño.
En ese y en otros lugares observé lo mismo, las bicis circulaban por sus carriles, calzadas y zonas peatonales. Iban despacio. No oí gritar a nadie: “¡Cuidado, una bici! (como muchas veces escucho en mi ciudad). No hacía falta, allí son un medio más de transporte, de los elementos urbanos, van con respeto y son respetadas.
Yo, me acordaba mucho de la mía, que la tenía guardadita en el trastero, la eché de menos por allí.
También se me pasó por la cabeza el siguiente pensamiento: “Cuando la inteligencia es bien utilizada.. cuánto ganamos todos.”. Ahí queda ami@s.
Que paséis buenos ratos veraniegos en compañía o en soledad y si tenéis bici… con ella también, es una gran “compañera”.
Besos y abrazos.

Tronchacadenas

Se llaman “tronchacadenas” aquellas ciclistas que en sus viajes son totalmente independientes en cuanto al mantenimiento de su bicicleta. El tronchacadenas, la herramienta, es un símbolo de independencia. A partir de este concepto han surgido otros términos, “tronchitas”, “tronchantes”, con los que se hace referencia a cualquier mujer que es capaz de desenvolverse perfectamente a lomos de su bicicleta, independientemente de cómo se maneje con la mecánica.
Esta es una anécdota de amigos, pero lo cierto es que la relación especial entre bicicleta y mujer se dio prácticamente desde que existe este vehículo tal y como lo conocemos, desde finales del siglo XIX. La aparición de la bicicleta supuso un revulsivo y un paso adelante para el movimiento feminista, tanto, que Susan Brownell Anthony, activista de los Derechos Civiles que recorría los Estados Unidos en tren y en bicicleta como oradora sobre los derechos de la mujer y el voto, afirmó: “Creo que el ciclismo ha hecho más por la emancipación de la mujer que ninguna otra cosa en el mundo. Le da una sensación de libertad e independencia. Yo me alegro cada vez que veo a una mujer en bici. La feminidad libre y sin ataduras”.
Y debía de ser así, porque seguramente por esta misma razón en algunos momentos estuvo prohibido para las mujeres andar en bici porque “se destruía la salud sexual de ellas al promover la masturbación” ¡Esto sí que era liberación, sexual! ¡Qué miedo!
Sin embargo, el tandem mujer-bicicleta era ya imparable. Se diseñan nuevas prendas para facilitar el pedaleo que libran a la mujer de la ropa eternamente femenina, lo que motivó el escándalo porque borraba la diferencia entre los sexos. En 1887 Thomas Stevens dio la vuelta al mundo en un velocípedo (modelo que tenía la rueda delantera tres veces más grande que la de atrás), una aventura memorable, sin duda. Pero tan solo siete años después, una mujer, Annie Cohen se convierte en la primera persona del sexo femenino en repetir la hazaña, esta vez en bicicleta y con motivo de una apuesta. Teniendo en cuenta la condición femenina en esa época nadie dudará en el mérito añadido que tenía esta mujer al emprender ese viaje.
Por todo esto y más que seguramente se podría añadir, invitamos a las mujeres “tronchacadenas”, a las “tronchantes”, a las que aspiran a serlo y a todos aquellos y aquellas que amamos los pedales, a que cada vez que subamos a una bicicleta pensemos en ella no solo como medio de transporte o para hacer deporte, sino como un instrumento de liberación y un ejercicio de libertad.

PARA LEER MAS:

http://haciaelsurenelatlantico.wordpress.com/2013/01/26/programa-01-bicicleta-y-mujer/

http://haciaelsurenelatlantico.wordpress.com/2013/02/04/bicicleta-y-mujer-ampliamos-los-contenidos/

Reflexionando

Acabamos de recibir en nuestro correo el testimonio de una socia de Burgos Con Bici. El texto es corto, pero invita a pensar. Con su permiso reproducimos aquí sus palabras.

¡Hola! Sólo deciros, compas, que he venido maravillada de los encuentros cicloturistas donostiarras, por muchas cosas. Pero sobre todo, me maravilló el fantástico carril-bici de Donosti, la manera en que conviven ciclistas, peatones y coches, con respeto y mucha tranquilidad. Al volver a Burgos he sentido que retrocedía en el tiempo, ¡lo siento! Tenemos todavía mucho trabajo para ponernos un poco a su nivel. ¡Que no falte la utopía! ¡Feliz verano y nos vemos! Un abrazo.

En Burgos con Bici, como no puede ser de otra forma, apostamos por la convivencia y por la salud. Y tú, ¿cómo lo ves? ¿También crees que todavía tenemos mucho que evolucionar? La gente de Burgos Con Bici tenemos la responsabilidad de ser ejemplo en la calle del modelo al que aspiramos.

¿Estamos cambiando?

Hace tiempo, un amigo sociólogo me contaba cómo hacía él para estudiar la sociedad en la que vivimos. Dejando de un lado los métodos académicos y los encorsetados análisis estadísticos, él solo estudiaba los anuncios publicitarios y los telediarios. Me decía: los anuncios reflejan lo que quiere la gente y los telediarios lo que quiere el gobierno. Así de simple.

Viendo el siguiente anuncio publicitario enseguida he recordado sus palabras y he pensado que quizás la bicicleta esté calando en nuestras vidas más de lo que imaginamos y de lo que vemos por la calle. La prueba es que la agencias publicitarias, que son las que mejor conocen al consumidor, ya la utilizan como un gancho efectivo para influir en nuestra toma de decisiones.

No se trata de que, de repente, los creativos publicitarios se hayan convertido en bloque en defensores de la movilidad sostenible, sino que, poco a poco, se van imbuyendo de la nueva realidad social, la que podemos observar en nuestras calles, y no hacen sino incorporarla a sus mensajes. La bicicleta era antes icono del espíritu deportivo, y ahora se ha convertido en algo cool y eminentemente urbano. Vamos bien.

Os invitamos a ver el vídeo para que juzguéis vosotros y vosotras mismas.

Invasión de Bicicletas

Por cortesía de DUM DON TOCATA os ofrecemos estos animados minutos musicales. Pulsa PLAY.

Invasión de bicicletas

es la mejor receta.

Invasión de bicicletas

vamos a darle la vuelta.

Cuando viajando me pongo a cantar le marco el ritmo a mi pedalear y si las nubes me han de amenazar llegó la hora de irse a bañar. No necesito de mucho lugar, ya no doy vueltas para estacionar, es la manera de transitar donde energía se ha de generar.

¡Esta es tu vida!

Haz lo que te gusta, y hazlo a menudo. Si algo no te gusta, cámbialo. Si no te gusta tu trabajo, déjalo. Si no tienes suficiente tiempo, deja de ver la televisión. Si estás buscando el amor de tu vida, para; te estará esperando cuando empieces a hacer las cosas que te gustan. No lo analices más, la vida es simple. Abre tu mente, brazos y corazón a cosas y a gente nueva, estamos unidos en nuestras diferencias. Algunas oportunidades sólo se presentan una vez, aprovéchalas. Viaja mucho. Perderte te ayudará a encontrarte. Las emociones son hermosas. Cuando comas disfruta hasta el último bocado. Pregúntale a la próxima persona que veas cuál es su pasión y comparte con ella tu sueño inspirador. La vida es la gente que te encuentras y las cosas que construyes con ellas. Así que sal y empieza a crear. La vida es corta, haz realidad tus sueños y comparte tu pasión.

Manifiesto Holstee